Lo que nos hace falta es identidad
Por: Nicolay Abril
Comunicación Social y Periodismo
Tercer Semestre

Así como algunas personas expresan vergüenza por este país, se escuchan también palabras de quienes no se estancan y siguen adelante. Son expresiones positivas y de fe hacia nuestro territorio, pronunciadas tanto por el campesino más humilde como por los hombres más estudiados.
Los colombianos debemos estar conscientes de lo que nos falta, pero también de lo que sí tenemos, es esto lo que nos motiva para superarnos, ahí radica la fertilidad de este orgullo. Como diría Jorge Vallejo, las huellas de nuestros logros existen y es preciso identificarlas para obtener lecciones, así como actuar para superar nuestro estado de ánimo general.
Quiero referirme al artículo “El País del Delirio”, (publicado en Altus, marzo del 2007) con cuyas ideas me permito discrepar. En él se afirma que los colombianos deliramos con lo bueno de nuestro país. ¿Por qué ocultar que en Colombia sí existen motivos de orgullo y que no estamos obligados a vivir en una constante insatisfacción inerte?
Si entendemos por delirio un trastorno en la percepción de la realidad, entonces existen también quienes deliran con lo negativo de su nación, desacreditando lo positivo y estancándonos en el contexto, olvidándose entonces que lo positivo también forma parte de la realidad.
Ciertamente es admirable que compartan sus consideraciones sobre lo que falla en el país, pero no es el hecho de criticar simplemente. Si esto es asumido por algunos críticos como el primer paso para mejorar, a muchos les falta dar el segundo: proponer, y no basta con reconocerlo, hay que hacerlo.
Más allá de sonar utópico, o parecer megalómano, la idea de pensar positivo y además adquirir una autopercepción, ha servido de gran ayuda a países como Panamá. Jarish Álvarez, habitante de Ciudad de Panamá, comenta que estos dos factores fueron una de las fuerzas que proyectaron a su país. Contrasta la capital con lo que una vez fue. Álvarez menciona con orgullo que pasó de ser una ciudad insegura a ser una urbe que puede llegar a formar parte del primer mundo. De esta manera podemos continuar hablando de países como China, Malasia, Brasil, Sur África, Emiratos y muchos más, que actualmente están superando sus obstáculos y están reconociéndose a sí mismos, logrando dar un gran paso en un mundo globalizado que les exige progreso.
Quiero agregar, que el hecho de pensar positivo no tiene por qué constituir un conformismo u olvido de nuestras adversidades, todo lo contrario, es proponer no estancarse en ellas y saber superarlas.
Aun así, Colombia, reconocida por sus riquezas naturales, culturales, deportivas y hasta científicas, lamentablemente no ha podido sobresalir tanto como mereciera. Triste es que Colombia ofrezca constantemente símbolos de su riqueza y sean más apreciados en el exterior que por nosotros mismos. No obstante, existen personas como Martha Senn, que con su amplia experiencia, es de las que considera la posibilidad de aprovechar nuestra cultura para hallar una solución para la guerra.
De esta manera podemos considerar la gran importancia de los productos y bienes culturales, que con buen manejo y determinación, pueden llegar a generar transformaciones simbólicas orientadas a grandes progresos.
Por su parte, García Márquez comenta que la virtud que generalmente más se les nota a los nacionales en el exterior, es que nunca fueron tan colombianos como al sentirse lejos de Colombia.
Podríamos estar frente a un caso de pérdida de identidad y sentido de pertenencia, y eso sí es algo para enloquecer. ¿Cómo vamos a cambiar si no logramos saber quiénes somos o qué tenemos? No podemos, a pesar de todo, cambiar algo en lo que no creemos ni tampoco sabemos apreciar.
En todo caso, en el mundo circulan publicaciones importantes con palabras de fe hacia nuestro país. Tal es el caso de reconocidas revistas como “The Economist”, “En Route”, “L’agenzia di Viaggi”, etc., donde se resalta la Colombia que sale adelante y que, según una de ellas, es injustamente penalizada. De manera análoga, se puede mencionar el crecimiento del 48,10% en el número de extranjeros que visitaron Colombia en el año 2006, en relación con el año 2005, cifra registrada por el DANE.
Existen campañas que buscan atraer la inversión extranjera y el turismo, sin pretender ocultar la realidad ni disfrazarla. Por el contrario, se busca adicionar otra imagen, aliviando en algo el sesgo de los medios de comunicación frente al tema. De igual manera, es importante que los colombianos asumamos una visión más favorable del país, siendo capaces de defenderlo trascendiendo sus límites, reconociendo además que no tenemos por qué ser juzgados por unos pocos que alteran la armonía de nuestra nación.
No somos el mejor país del mundo, ni tampoco el peor. Cada país ofrece cosas positivas, de la misma forma como puede tener muchas otras por mejorar. Así un país que en el mundo moderno puede ser reconocido como rico, de otro lado, sus nacionales podrían estar sufriendo de graves índices de depresión y stress como se ve con algunos estados de la actualidad.
Indiscutiblemente, se debe reconocer que existen otras condiciones objetivas que causan la crisis actual del país, pero también es cierto que algunas de ellas son causadas por la ausencia de sentido de pertenencia.
De esta manera, William Ospina señala que actuamos como una sociedad señorial colonizada, avergonzada de sí misma y vacilante en asumir el desafío de conocerse y reaccionar. Los problemas en Colombia, también tienen que ver con la falta de identidad. Es necesario creer más en nuestras capacidades.
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