jueves, 8 de octubre de 2015

La identidad?


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Lo que nos hace falta es identidad


Lo que nos hace falta es identidad
Por: Nicolay Abril 
Comunicación Social y Periodismo
Tercer Semestre

Así como algunas personas expresan vergüenza por este país, se escuchan también palabras de quienes no se estancan y siguen adelante. Son expresiones positivas y de fe hacia nuestro territorio, pronunciadas tanto por el campesino más humilde como por los hombres más estudiados. 

Los colombianos debemos estar conscientes de lo que nos falta, pero también de lo que sí tenemos, es esto lo que nos motiva para superarnos, ahí radica la fertilidad de este orgullo. Como diría Jorge Vallejo, las huellas de nuestros logros existen y es preciso identificarlas para obtener lecciones, así como actuar para superar nuestro estado de ánimo general. 

Quiero referirme al artículo “El País del Delirio”, (publicado en Altus, marzo del 2007) con cuyas ideas me permito discrepar. En él se afirma que los colombianos deliramos con lo bueno de nuestro país. ¿Por qué ocultar que en Colombia sí existen motivos de orgullo y que no estamos obligados a vivir en una constante insatisfacción inerte? 

Si entendemos por delirio un trastorno en la percepción de la realidad, entonces existen también quienes deliran con lo negativo de su nación, desacreditando lo positivo y estancándonos en el contexto, olvidándose entonces que lo positivo también forma parte de la realidad. 

Ciertamente es admirable que compartan sus consideraciones sobre lo que falla en el país, pero no es el hecho de criticar simplemente. Si esto es asumido por algunos críticos como el primer paso para mejorar, a muchos les falta dar el segundo: proponer, y no basta con reconocerlo, hay que hacerlo. 

Más allá de sonar utópico, o parecer megalómano, la idea de pensar positivo y además adquirir una autopercepción, ha servido de gran ayuda a países como Panamá. Jarish Álvarez, habitante de Ciudad de Panamá, comenta que estos dos factores fueron una de las fuerzas que proyectaron a su país. Contrasta la capital con lo que una vez fue. Álvarez menciona con orgullo que pasó de ser una ciudad insegura a ser una urbe que puede llegar a formar parte del primer mundo. De esta manera podemos continuar hablando de países como China, Malasia, Brasil, Sur África, Emiratos y muchos más, que actualmente están superando sus obstáculos y están reconociéndose a sí mismos, logrando dar un gran paso en un mundo globalizado que les exige progreso.

Quiero agregar, que el hecho de pensar positivo no tiene por qué constituir un conformismo u olvido de nuestras adversidades, todo lo contrario, es proponer no estancarse en ellas y saber superarlas.

Aun así, Colombia, reconocida por sus riquezas naturales, culturales, deportivas y hasta científicas, lamentablemente no ha podido sobresalir tanto como mereciera. Triste es que Colombia ofrezca constantemente símbolos de su riqueza y sean más apreciados en el exterior que por nosotros mismos. No obstante, existen personas como Martha Senn, que con su amplia experiencia, es de las que considera la posibilidad de aprovechar nuestra cultura para hallar una solución para la guerra.

De esta manera podemos considerar la gran importancia de los productos y bienes culturales, que con buen manejo y determinación, pueden llegar a generar transformaciones simbólicas orientadas a grandes progresos. 

Por su parte, García Márquez comenta que la virtud que generalmente más se les nota a los nacionales en el exterior, es que nunca fueron tan colombianos como al sentirse lejos de Colombia. 

Podríamos estar frente a un caso de pérdida de identidad y sentido de pertenencia, y eso sí es algo para enloquecer. ¿Cómo vamos a cambiar si no logramos saber quiénes somos o qué tenemos? No podemos, a pesar de todo, cambiar algo en lo que no creemos ni tampoco sabemos apreciar.

En todo caso, en el mundo circulan publicaciones importantes con palabras de fe hacia nuestro país. Tal es el caso de reconocidas revistas como “The Economist”, “En Route”, “L’agenzia di Viaggi”, etc., donde se resalta la Colombia que sale adelante y que, según una de ellas, es injustamente penalizada. De manera análoga, se puede mencionar el crecimiento del 48,10% en el número de extranjeros que visitaron Colombia en el año 2006, en relación con el año 2005, cifra registrada por el DANE. 

Existen campañas que buscan atraer la inversión extranjera y el turismo, sin pretender ocultar la realidad ni disfrazarla. Por el contrario, se busca adicionar otra imagen, aliviando en algo el sesgo de los medios de comunicación frente al tema. De igual manera, es importante que los colombianos asumamos una visión más favorable del país, siendo capaces de defenderlo trascendiendo sus límites, reconociendo además que no tenemos por qué ser juzgados por unos pocos que alteran la armonía de nuestra nación.

No somos el mejor país del mundo, ni tampoco el peor. Cada país ofrece cosas positivas, de la misma forma como puede tener muchas otras por mejorar. Así un país que en el mundo moderno puede ser reconocido como rico, de otro lado, sus nacionales podrían estar sufriendo de graves índices de depresión y stress como se ve con algunos estados de la actualidad. 

Indiscutiblemente, se debe reconocer que existen otras condiciones objetivas que causan la crisis actual del país, pero también es cierto que algunas de ellas son causadas por la ausencia de sentido de pertenencia. 

De esta manera, William Ospina señala que actuamos como una sociedad señorial colonizada, avergonzada de sí misma y vacilante en asumir el desafío de conocerse y reaccionar. Los problemas en Colombia, también tienen que ver con la falta de identidad. Es necesario creer más en nuestras capacidades.

Colombia, un país sin identidad







No es que sea un patriota, ni nada por el estilo pero quisiera hacer una crítica sin generalizar respecto a un fenómeno que he observado en gran parte de la población colombiana, el cual consiste en la falta de pertenencia nacional enalteciendo las costumbres extranjeras sobre las nuestras, al considerarlas populares, de mal gusto, mala educación o entre otros términos que usamos para atacar nuestro propio patrimonio.
Colombia es una mezcla de diversos grupos étnicos y culturales conformados por españoles, indígenas, africanos, alemanes, ingleses, palestinos, judíos  entre muchos otros grupos los cuales han creado lo que se podía llamar nuestro patrimonio, produciendo una mezcla dmuy rica a nivel cultural, la cual muchas veces degradamos, por cosas que no son propias de nuestra cultura sin importar el sexo, la raza o el estado socia aunque si se presenta más en las personas jóvenes de nuestro país. Considero que este fenómeno es causado principalmente por 3 causas: La globalización que permite la llegada de todo tipo de productos y costumbres, el elitismo colombiano que enaltece lo que ha llegado del extranjero, y los problemas nacionales a los cuales queremos escapar.
Cuando hablo de globalización me refiero al constante bombardeo de productos, marcas, arte y costumbres extranjeras, las cuales no son propias de nuestra cultura pero sin embargo las hemos enaltecido sobre lo nuestro, siendo un ejemplo de esto la preferencias musicales de los colombianos, preferimos el Rock, las rancheras, el reggaetón o la salsa, muchas veces sobre la cumbia o la guabina y muchas otras formas de nuestra música, exceptuando al  vallenato por fortuna a sobrevivido ante este bombardeo, simplemente por el hecho que significa sinónimo de fiesta. Pero también vemos esto en la comida, preferimos las hamburguesas, la lasaña y la pizza sobre la empanada, la mazamorra o la él sancocho, muchas veces escudándonos que el sancocho tiene muchos carbohidratos o la empanada mucha grasa ¿pero acaso las hamburguesas no la tienen?  Hemos llegado hasta el punto en que comer longaniza y morcilla –los cuales son herencia española curiosamente – nos parecen de mal gusto y de mala educación, pero ¿cuál es la diferencia entre un pedazo de longaniza y una salchicha alemana? Estas cuestiones nos las podemos preguntar al comparar una camisa nacional con una inglesa, aunque son de similar calidad, preferimos la otra por la marca, sin darnos cuenta que puede ser hecha en una maquila en Medellín y ser vendida con otra marca 3 veces más económica en un almacén nacional. Son innumerables los ejemplos, pero para contestar porque la globalización es la causante de este problema, diría que es gracias a los medios de comunicación que han anulado la distancia y el tiempo entre Europa y Colombia, por ejemplo, hacen una  llegada más fácil de productos los cuales se adaptan rápidamente a la cultura por el bombardeo constante que existe.
Siempre llegan los productos primero a las elites nacionales, la cuales se encuentran constantemente viajando al extranjero trayendo cosas y costumbres al país, la cuales  son tomadas por el pueblo muchas veces para querer aumentar un poco mas socialmente negando nuestras costumbres autóctonas sobre estas extranjeras. Pero este problema viene desde la colonia, puesto que los criollos que conformaban  las elites en el nuevo reino de granada, se mesclaban ni física, ni culturalmente con los indígenas y africanos, por cuéstenos de “linaje”  o “sangre” y un montonón de mitos sobre seres inferiores y superiores; pero al ser dirigida la independencia por esa elite, la cual nunca se a auto considerado latina, y plantarse en el poder durante la vida republicana hasta nuestros días, trajo como consecuencia que se continuara enalteciendo ese legado europeo cultural sobre el indígena  y africano, trayendo que muchas veces se negaran esas costumbres populares colombianas , al considerarse inferiores por una elite que imponía su forma del mundo en base a una concepción de ellos de Europa la  cual no se adaptaba a la de nuestra nación.
La realidad social es mi tercera causa del problema, puesto que por la violencia y la difícil situación económica del país, no autodenominamos incivilizados inconscientemente, al buscar soluciones en el extranjero políticas y económicas, las cuales no se adaptaban a nuestro caso y lo que han hecho es prolongar esos problemas aumentando la pobreza y la desigualdad social por culpa de esas políticas que no han solucionado los problemas que mencione al principio del párrafo. Hemos hecho de Estados Unidos o Alemania nuestro paraíso, sin darnos cuentas que vivimos en él, queriendo volver a Colombia Norteamérica, o en el mejor de los casos realizar el sueño americano desde nuestra propia percepción, desconociendo las diferencias que hay entre estos dos lugares.
Pero curiosamente esas personas que van en busca del sueño americano en la mayoría de los casos, son los que aprenden a valorar nuestra nación, puesto se da cuenta que eso que los hacía sentir inferiores es lo que marca la diferencia entre Colombia y el resto del mundo, tomando estas costumbres como un escudo para no perder la identidad y no ser absorbido y vencidos por ese difícil mundo capitalista y discriminativo, europeo al cual no estamos acostumbrados siendo tratados simplemente como sudacas.
Mi objetivo con este texto no era producir un sentimiento de patriotismo, ni que digamos “Colombia es pasión”, porque esos tipos de identidades en un país como Colombia son un negocio o un mecanismo de control social en la mayoría de los casos, pero sí que no nos avergoncemos ni inferioricemos nuestra cultura a costa de otras; tampoco quiero decir que comer hamburguesas es malo, pero lo que sí quiero decir es que ambas costumbres pueden convivir sin necesidad de inferiorizar la que es propiamente nuestra.